domingo, 4 de septiembre de 2011

Pensamientos propios

Aún recuerdo esas noches frías de invierno, en la que echada sobre ti, te miraba a la cara y llorabas. Quizás era algo premonitorio. Algo que veías para un futuro no tan lejano. Me estrechaste y me pediste que nunca te dejase. ¿Cómo te iba a dejar?, te respondí.
Sin embargo, aquella noche decía algo. Nos decía algo. Nuestro corazón o nuestra mente decía: Se irá...Y así fue. Nunca pensé que todo esto ocurriría. Verte presa de un mismo miedo al que te juraste nunca más volver. Arriesgar y aguantar mientras que cada noche es más amarga que la anterior. Sonreír al Sol y llorarle a la Luna.
Esa noche ciertamente fue fría, pero la noche de verano de hoy es helada. Es cierto que en el Amor siempre hay uno que arriesga más que el otro, una persona importante me lo dijo y sin duda no le falta razón. Yo he luchado tanto por Amor que se me acaban las fuerzas por momentos y la toalla se me va escurriendo de las manos hasta que, supongo, caerá al suelo. Lloraré y llorarás. Como yo hago hasta ahora. ¿Y luego qué? Ambos haremos un camino en busca de otro Amor que nos llene y nos haga olvidar las heridas o el dolor que aún están abiertas y escuecen. No. Yo no soy así. Yo no quiero eso. Yo no quiero cambiar a las personas como cromos, pero he de decir que duele. Que es un vacío abismal que no se llena con nada. ¿Depresión?, ¿Tristeza?, ¿Infelicidad? Llamémosle como queramos, a las personas nos gusta poner la etiqueta del efecto sin buscar la causa, siempre será lo mismo falta de Amor.

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