Me he dado cuenta de que mi escritura en el blog se convirtió en algo que siempre había odiado. Se convirtió en un Super Pop de una quinceañera, sólo que con palabras bonitas y cuya protagonista poseía algo más de quince años.
He pretendido justificar el amor que sentía hacia un mojigato del tres al cuarto, cobarde, para no variar. Y yo me transformé en una enfermiza, odiosa, idealista que no sabía distinguir entre gigantes y molinos, entre damas y labradoras, entre caballeros y hombres humildes, entre amor y odio. He idealizado todas las cosas que veía, tocaba y sentía. Todo cobraba un irrealismo nunca antes visto, ya no sólo por el hombre, sino por el amor.
Quizás ahora lo vea claro y me arrepienta pero todo tiende a ser idealizado en la literatura, todo necesita desbordarse de esta realidad cansina, todos necesitamos soñar.
Soñar, esa es la palabra. Sueño. Si el sueño no existiese el mundo se apagaría.
Yo nunca pierdo mi llave de plata, e intento aprender de cada viaje onírico, aunque lo que aprenda en esos viajes de nada sirva para el vasto imperio que se extiende más allá del despertar…
ResponderEliminarEs un placer leer algo como lo que acabas de escribir, y te lo dice alguien a quien acaban de despertar bruscamente.
Saludos