viernes, 10 de agosto de 2012

Todo me lleva a ti.


–Hola preciosa, ¿me recuerdas?
–¿Cómo iba a olvidarme de ti?. –le respondió sin apenas inmutarse.
–Lo sé. Sé que fui especial.
–No lo fuiste.
–¿No?
–No.
Permanecieron callados durante un largo instante. Él miraba hacia abajo y permaneció, allí, quieto, mirando sus zapatos. Ella, por el contrario, lo miraba fijamente sin apenas parpadear.
–Entonces…–dijo mientras se levantaba de la silla.–No tengo más remedio que irme. Siento robarle su valioso tiempo.
Ella comenzó a reír.
–¿Mi valioso tiempo? ¿Sabe usted desde cuándo lleva robándome “mi” valioso tiempo? Mi valioso tiempo pasó a ser suyo desde el primer momento en el que crucé esa maldita puerta, desde entonces, todo lo que sueño, vivo, veo, siento, pienso y respiro le pertenece. No fuiste especial, eres especial. Así que o permanece allí en esa silla o yo misma me encargaré de atarlo para que nunca, jamás, se vaya de mi lado, usted elije. 

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