
Allí estaba yo en el jardín de Edén. El agua acariciaba el dulce pasto con sus claras y monótonas aguas. Allí no había suspirares ni lamentos de un destino incierto. Allí todo era paz y armonía. Donde la naturaleza cobraba una perfección indescriptible. Donde siempre era primavera y las aves jugaban a volar alto y su dulce cantar acariciaba mis sentidos. En el lugar en que todos los animales y plantas vivían en perfecta armonía y serenidad.El hombre, osea yo, vivía feliz de ser el elegido de tan honroso privilegio y tocaba la hierba con las puntas de mis dedos.
Sin embargo, ¡oh pobre de mí!, fallo injustificable, ¡suspiré! Y ahí, el que está arriba, se dio cuenta de mis sentimientos y de mi soledad.
Entonces, entre los arbustos, apareció ella. Callada, asustada, ignorante y pensé cómo podía un ángel caer así. No supe qué hacer, no supe qué decir y sonreí. ¡Oh pecado mortal, ¡oh tentación deleitosa! Me señalaste algo pero yo sólo estaba concentrado en ti. No supe qué hacer, no supe qué decir y me sonreíste y me señalaste allí. Roja manzana colgada de un árbol, fue lo único que vi y sonreí porque eran como tus labios. La querías ¿qué iba a hacer si alguien como tú me la pedía? Me quedé mirando tus ojos verdes y tú no fuiste menos. Él nos perdonará, repetí y repitió. ¡Maldita tentación ya no vienes con forma de serpiente, ahora vienes disfrazada de Amor!
