
El sonido de los pájaros me recuerda a mí. Sí, amor, a tí. Es una tarde, donde el sol irradia, donde los niños juegan y donde el amor juega al amor. Menos tú y yo sobretodo yo, pues te has ido y has dejado soledad en mí y por eso el hueco sonido de los pájaros me recuerda a mí. A mí amor pero tambien a tí porque tú eres libre y vuelas. Vuelas sin pensar. Yo aspiro a ser libre pero el corazón me pesa y no puedo arrancarme a volar. ¡Te maldigo! Maldigo mi corazón que eres tú. ¡Pero te bendigo! Porque te amo, te amo y te vuelvo a amar. Libre eres libre, te abrí la jaula sin más. Volviste y te la volví a cerrar. Me la dejé abierta porque eras lo que querías y ya jamás regresaste. Venías a mis ventanas por las noches para que te hechara algo de pan, yo sin pensarlo lo echaba y te volvías a escapar. ¿Eso era amor? No, yo misma lo respondo y aun así sigo hechandote pan y tú sigues queriendo, entras en la jaula y luego te vas. Pasó el tiempo y paré de contar las horas que no venías, aprendí a olvidar. Ya no hay lágrimas de tristeza sino de felicidad porque he comprendido que no vale la pena llorar por alguien al que se le olvidó luchar.