miércoles, 26 de diciembre de 2012

Entrada rápida





Me hace gracia la forma tan rápida que la gente cambia de parecer hoy en día. Aunque la vida es rápida. Nos levantamos rápido, caminamos rápido, comemos rápido, dormimos rápido, nos vestimos rápido, nos desvestimos más rápido aún, pensamos rápido, actuamos rápido, odiamos rápido, amamos rápido, olvidamos rápido, vivimos rápido, nos lamentamos tarde. Y yo, bueno, yo solo me dejo llevar deslizándome lentamente entre esa masa de caminantes en acción, como tiene que ser, rápida.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Leyendo entre líneas.


–Te amo.
–¿Más que a nada?
–No, después de la literatura.

Intenté irme pero rápidamente me agarró del brazo.

–Espera…Tú puedes ser mi mejor literatura. 

sábado, 8 de diciembre de 2012

Los poetas no mueren, sólo dejan de escribir...

viernes, 7 de diciembre de 2012

Eres especial

Tienes la habilidad de hacer que me derrita un poco más cada vez que te veo. Pasarán días, amantes, lágrimas, sonrisas, muerte...pero detrás siempre estarás tú cumpliendo todas mis expectativas. Y yo amándote con cada centímetro de mi cuerpo y de mi ser. Quizás sea un poco cruel al mentirte de aquella manera tan descarada solo por conservarte, pero es lo justo para mi corazón. El corazón y la mente nunca se han llevado bien, y eso tanto tú como yo lo sabemos. Por esta razón ambos conservamos un pellizco de cordura cada noche para no caer donde nos da miedo. Quizás los dos somos iguales de fríos y eso es el motivo de nuestra atracción fatal. No quiero ni imaginar qué pasará cuando el fuego se encienda y haga cenizas el edificio que construimos hace ya bastante tiempo apenas sin quererlo. Ojalá tus ojos negros durasen para toda la vida.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Entrada de la nada

Últimamente tengo bastante visitas españolas. Probablemente alguien preocupado por mi vida. Me alegra que se preocupen por mí, sea quién sea. De todas formas ningún escritor cuenta su vida en sus escritos. Si queréis saber de mi vida sólo tenéis que preguntar. Espero que esto os sirva para dejaros tranquilos. Gracias.

Vamos a reinventarnos.

Vamos a reinventarnos. Tenemos toda una vida para hacerlo, aunque mi sitio preferido sea siempre donde siempre terminamos. Donde tú ya sabes. Yo, que siempre he tenido fama de buena escritora, voy a reinventarte secretamente como yo sólo sé hacer . Tú, que siempre has tenido fama de ser buen cuentista vas a contarme el cuento de nunca jamás. Y yo me lo creeré, porque sí; porque siempre me lo acabo creyendo; porque yo me permito el lujo de creérmelo.

Hablando con tu desconocido.



–No debe ser fácil–me dijo.
–¿Cómo? –pregunté dubitativa.
No sé si era por los efectos que me provocaron el alcohol, la destemplanza que me producía tener a un desconocido cerca o simplemente que sabía perfectamente que ese no era mi sitio. Sonrió.
–Digo que no debe ser fácil sentir tantas cosas a la vez y quererlas demostrar en una sola palabra.
Era cierto.
–¿Quién eres?
Sonrió de nuevo. Ya me comenzaba a poner nerviosa pero estaba demasiado ocupada en no caerme con aquellos tacones que ya ni me dolían.
–No me conoces, ni yo tampoco a ti, pero sé perfectamente distinguir un desamor. –paró un momento y agachó la cabeza dándose a sí mismo un tono sombrío.–Yo sufrí muchos.
Se me heló la sangre. Iba a  irme de allí pero ni siquiera era capaz de recordar el camino de vuelta a casa. Seguramente estaba tan “pedo” como yo. Ahora no sonrió.
–Olvídalo. –me dijo.
¿Quién era él para decirme aquello? ¿Qué derecho tenía a hablarme así?
–¿Perdona?
–Olvídalo.  No te quiere.
Busqué una excusa en mi cabeza lo más rápido que podía permitirme: “¡Claro que me quiere!”, “¡Tú qué coño sabes!”, “Eres un loco”, “Vete a la puta mierda”, o simplemente comenzar a llorar al darme cuenta que tenía razón. Pero no. Seguí fría, se me había congelado el cuerpo, y no por el frío que hacía en aquella noche de invierno, sino por sus palabras que fueron como cuchillos en el alma. Pasaron minutos, quizás horas en los que yo miré sus ojos profundos sin expresión, sin una gota de nerviosismo. Nada. Vacío como si ya no sintiese. Dejé de mirarlo unos instantes. No recuerdo muy bien pero creo que si hubiese seguido mirándole me hubiese puesto a llorar como producto de una extraña empatía.
–Está bien. Llevas razón. –volví a mirarlo.
Demasiado tarde. Ya se había ido.