Dices que me quieres. Sin embargo, yo siempre veo lo mismo. Un hombre sentado que no hace nada por demostrarlo, que mueve la boca recordándome a los títeres de calcetines que me hacía de pequeña. Un hombre cuyo destino está regido por unos pensamientos estúpidos. Dices que me quieres bajo una hipócrita sonrisa que delata el miedo que sientes cuando lo dices. Tienes tanto miedo a que te descubra como yo a descubrirte. Dices tantas cosas al cabo del día que acabo sólo enterándome de esas dos palabra que, ahora, no me importan lo más mínimo. ¿Sabes por qué? Porque eres un cobarde, esa es la razón. La razón por la que tú has cambiado, yo he cambiado y mi vida va a cambiar.
Algún día. Sí...algún día, cogeré esa puerta que ves allí y tras un portazo verás todo lo que te has perdido. Y además, ese todo se llevará consigo tu pasado, tu presente y tu futuro. Pero, claramente, tú permacerás sentado como hasta ahora.
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