
Yo soy aquella reina que ni las llamas que provocó Nerón borraron tanta vergüenza y tanto mal acumulado en un sólo hombre. Yo soy aquella mujer valiente que no estuvo dispuesta a sufrir una tortura como la de Tántalo. Soy esa que al ver la huida silenciosa del amor provocó un grito desesperado de la muerte. Yo, que al pensar que estaba en los brazos de Morfeo, pataleaba contra esa vieja canosa sentada en mi pecho.
Culpadme si queréis. Podéis llamarme cobarde por querer visitar a Caronte. Mi único fallo fue ofrecer mi cuerpo y mi alma a quien Cupido ofreció doradas saetas.
He conocido a Fama y nunca me traicionó. Mas hoy si no doy fin a todo la poca dignidad que dejas, ¡oh, Eneas!, se irá contigo.
Yo que tan bien respeté a los Dioses. Mis lágrimas no hacen más blandos sus inmortales pechos.
¿Por qué yo que tanto te di? ¿Dónde fue el recuerdo ruín de tus alegres noches? Ya veo que vas dejando atrás mis recuerdos como dejas mi reino.
Llevaré todos tus enseres para que las llamas borren toda la vergüenza que me dejaste, que desaparezca todo el daño que recibí, que cenizas sean todo lo que has tocado aunque ello signifique mi muerte.
"La sangre que derramaré harán de mí una auténtica heroína"
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