lunes, 5 de marzo de 2012

Maldito canalla

Sus ojos se veían diferente. Ya no era esa niña asustadiza y había perdido ese atisbo de inocencia que tanto me cegaba. Ellos me causaban devoción. Ya no eran como antes, pero causaban la misma admiración en mí.

Habían cambiado pero yo seguía siendo el mismo, al igual que ellos. Ahora me miran con una gran soberbia, nunca los había visto así. Sinceramente no sé si alegrarme. ¿Qué le habrá pasado a aquella niña? Niña. Ya no. Ya no lo es. Siento miedo al mirar a ellos directamente. Miedo a que ellos me hablen y me cuenten la historia de la niña, de esos altivos ojos que ahora me miran.

Recuerdo que no pude fiarme de ellos la primera vez. Ahora me dan miedo. Miedo porque me traspasan el alma y miedo porque sé que bajo esa apariencia altiva se esconde un corazón dañado. ¡Maldito el autor de tal fechoría! Canalla aquel que cambió el rumbo del mar de tus ojos y los convirtió en lluvia para luego dejar paso al desierto y más tarde al gélido hielo.

1 comentario:

  1. ¡Vaya por deus!

    Acabo de leer las dos ultimas entradas, y quizás sea mi facilidad para montarme películas y visualizarlas con todo lujo de detalles, pero creo que hay un canalla monopolizando algo mas que recuerdos, algo mas que volutas pequeñas de ira efervescente.
    Ojala ese hielo que ha quedado al final se convierta en agua, en océanos navegables, ojos que no de miedo mirar. (A mi hay ciertas miradas de mujer con las que no puedo, quizás por culpa de algún recuerdo, algún trauma)


    Voy a ver si consigo enterarme cuando publicas…

    Besos

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