jueves, 21 de junio de 2012

-¿Cómo te llamas?



Entonces lo comprendí. Esa persona que preguntaba mi nombre, no me conocía, ni yo tampoco a ella. Ahora podía crearme a mí misma. Ser otra persona diferente, romper con el pasado como la que rompe con una foto de esas que viene en marcos recién comprados. Sonreí. Ahora podía imaginar mundos nuevos, ahora podía hacerme, fabricarme y nunca, jamás, permitir que esa persona que preguntaba mi nombre me moldease. Le añadí un diminutivo a mi nombre como un acto reflejo de cambiarme a mí misma. Siempre quise ser así. Siempre quise ser igual de valiente para decirle a aquella persona, que me preguntaba a escasos milímetros de mi cara cómo me llamaba, que yo era de una forma totalmente diferente a lo que en realidad era. Siempre quise fingir, romper los lazos de mi yo. Aquel yo que tan poco me gustaba ya. Siempre quise ser actriz y actuar delante de algún desconocido que, ante tal espectáculo, se viese obligado a inclinarse hacia delante en su silla con los ojos muy abiertos. Ahora no tenía más remedio que actuar ante ti. 




Quizás sólo era una forma de protegerme.

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